Por increible que parezca, un Pentium forzado a mayor velocidad (overclocking) puede funcionar más lento que el mismo a su velocidad nominal.
La razón de esto hay que buscarla en el Circuito de Control de Temperatura que incorporan los Pentium 4. Estos procesadores tienen dos pequeños diodos de temperatura en su interior: uno de ellos es el encargado de ofrecer a la placa madre la lectura de temperatura del procesador; el otro se encuentra situado justo en el punto de mayor temperatura, y es el que gobierna el Circuito de Control de Temperatura.
Velocidad y temperatura
Los procesadores actuales tienen un consumo de corriente muy elevado, debido a las altas velocidades a las que trabajan. Esta es la razón de que disipen una gran cantidad de calor. Para evitar un sobrecalentamiento de la CPU son necesarios disipadores y ventiladores adecuados, capaces de mantener la temperatura dentro del rango de trabajo establecido por el fabricante.
Se puede asegurar de forma bastante general que un procesador disipará más calor cuanto mayor sea su velocidad de reloj (en esta suposición estamos obviando factores como la tecnología de fabricación o el voltaje). Por tanto, un procesador a 2.8 GHz necesitará un disipador y un ventilador mejores que uno a 2.2 GHz.
El problema surge cuando unimos a nuestro procesador un disco duro o una tarjeta gráfica que emitan gran cantidad de calor, todo ello dentro de una caja quizá no adecuadamente ventilada y refrigerada. Otro caso típico es el de los usuarios que aumentan la velocidad del micro por encima del valor especificado por el fabricante (técnica conocida como overclocking). En este caso, un disipador que era adecuado para la velocidad original puede dejar de serlo en la nueva situación, por lo que el micro podría sobrecalentarse y resultar dañado. Para evitarlo, en los últimos modelos de procesadores se ha incluido una protección térmica que evite que el procesador resulte dañado en caso de una elevada temperatura.
Hasta ahora, la protección consistía en desconectar el micro al alcanzar la temperatura un determinado valor crítico. Esto supone la pérdida de todo el trabajo que se estuviese realizando, pues es equivalente a apagar el ordenador "a machete".
Los Pentium 4, sin embargo, incorporan una protección extra que comienza a trabajar antes. Esta protección reduce la velocidad efectiva del procesador, de forma que su consumo baje y, por tanto, la generación de calor. En cuanto la temperatura alcanza un valor aceptable, se restaura la velocidad programada.
Esta protección suele venir desactivada por defecto, siendo necesario entrar en la BIOS para activarla.
Vemos entonces que para conseguir un rendimiento óptimo de nuestro procesador resulta imprescindible acoplarle un disipador y ventilador adecuados, y debe hacerse pensando no sólo en el procesador, sino también en el calor generado por otros dispositivos como el disco duro o la tarjeta gráfica, elementos que cada día disipan también mucho calor y que pueden afectar a la disipación de nuestra CPU.
Por supuesto, el control termal es bastante eficaz para estos casos de sobrecalentamiento, pero no puede verselas con situaciones tales como el fallo del ventilador, o que se suelte el disipador de calor de encima del procesador. En este caso es cuando entra en funcionamiento la protección clásica, desconectando el procesador.
Fuente: Xbitlabs (en inglés).